Derroche Dicen muchos entendidos en finanzas, que los españoles vivieron por encima de sus posibilidades. Que pensaron tener un estatus que no les correspondía y así se compraron un piso más grande, un coche de lujo y disfrutaron de un exceso de vacaciones. Y claro, llegó la crisis, la caída del salario, la pérdida del trabajo y fueron incapaces de hacer frente a todas las deudas contraídas. ¡Malditos derrochones !

En teoría, lo que deberían haber hecho los españolitos era, ser mucho más reflexivos que las instituciones financieras, y actuar como hormiguitas. Es decir, gastar sólo lo que podían permitirse.  Un pisito de dos habitaciones en lugar de un chalet.  Un coche fabricado en la India  en lugar de ese despampanante todo terreno de marca alemana. Y con el resto del dinero: guardarlo para cuando lleguen los malos tiempos.

Aunque no está tan de moda decirlo, el caso es que también hubo gente que hizo esto último. Guardar para el futuro. Al menos así lo hicieron más de 300.000 ahorradores que fueron a sus entidades financieras allá por 2008, cuando aquí la crisis casi no era ni recesión. Esas personas que llegaron al banco a preguntar por un destino para sus ahorros que les permitiera conseguir algo de interés a cambio. Esos que no querían especular comprando y vendiendo unos pisos cuyo precio siempre iba a subir. Esos que no querían gastar de más, porque con lo que tenían vivían muy decentemente. Esos a los que la pérfida política de incentivos reinante en el sistema financiero español ( la que le dice al empleado o vendes este producto o te vas a la calle) les  colocó como destinatarios de unos productos financieros que, ni de casualidad se adecuaban a su perfil de hormiguitas ahorradoras.

Esas 300.000 personas que confiaron en las entidades que ahora conforman Bankia, NovacaixaGalicia o Catalunya Banc se encuentran ahora con que el brazo acusador de Bruselas carga contra ellos. Los mismos políticos que acusan a los españoles de vivir por encima de sus posibilidades, han decidido que sean estos ahorradores,( los que, en teoría, sí hicieron lo que debían)  quienes paguen los platos rotos de los excesos cometidos por los bancos y por quienes vivieron por encima de sus posibilidades.

Es Bruselas, con la consiguiente sumisión del Gobierno de español, quien ha decidido que aquellos ahorradores ( convertidos contra su voluntad en accionistas de las entidades financieras) deben perder parte  o, en muchos casos, casi todo su dinero para dar una lección a quienes se excedieron.  Con esta política, dictada por la canciller alemana, Angela Merkel, se quiere demostrar a los conciudadanos germanos que ellos no van a pagar por los abusos cometidos en los países de sur.

Lo que nadie explica es que quienes están pagando ahora son los que actuaron como alemanes y ahorraron para cuando no hubiera. Ahora, que ya no hay, les quitan su dinero. Pero no sólo a ellos, también se lo quitan o amenazan con hacerlo a quienes ni siquiera se molestaron en buscar una alta rentabilidad para sus ahorros. Con la chapuza del rescate a Chipre, los  políticos europeos ha destapado una peligrosísima  caja de Pandora. Y es que ahora, ya ni siquiera los depósitos ( seguros pero con tipos de interés paupérrimos en muchos casos) son un refugio seguro.  Con la amenaza, finalmente no cumplida, de imponer una tasa/quita o como quiera que se le llame a los depósitos inferiores a 100.000 euros han metido el miedo en cuerpo a los pequeños ahorradores. A los que ahorraron más, simplemente les quitarán alrededor del 40% (cuando escribía esto todavía no habían fijado la quita final). Es cierto que, en el caso de Chipre, estos depósitos de más de 100.000 euros en muchos casos pertenecen a oligarcas rusos con capitales de dudoso origen. Pero también lo es que se puede luchar de otra forma contra la opacidad de un paraíso fiscal, sin castigar a productos tan de andar por casa como un depósito.

Para colmo de males, el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, no tuvo ningún reparo el pasado 25 de marzo en lanzar la advertencia de que la política aplicada en Chipre iba a marcar la referencia para el resto de países. Eso sí, se retractó después de ver como se desplomaron las Bolsas europeas tras sus declaraciones.

Porque, más allá de la incapacidad manifiesta de los políticos europeos para definir un método coherente de actuación contra la crisis, lo que realmente están transmitiendo es que aquí quienes salen ganando son aquellos que vivieron por encima de sus posibilidades, los que disfrutaron a tope cuando se podía, los que no pensaron en el futuro. Total, que les quiten lo bailaó, se pueden pensar. A los demás, les van a quitar sus ahorros.  Y ni los disfrutaron en su momento, ni los van a poder disfrutar ahora.  En definitiva: una vergüenza que no debería consentirse.

 

Imagen:Pixabay

 

Hace ya casi un año, allá por mayo de 2012 el pánico a la ruptura del euro campaba por España y alrededores y mucha gente se preguntaba ¿qué hacer con el dinero: sacarlo o dejarlo en España?

Ahora, con el escandaloso rescate de Chipre y encima de la mesa y la autorización por parte de Bruselas de un corralito en Europa, se me vienen muchos análisis a la cabeza. Pero seguro que la duda que muchos tuvieron hace un año se vuelve a repetir. Por eso quiero compartir aquel texto, escrito en mayo de 2012, aquí.  Eso sí, desde este fin de semana hay un gran cambio, Bruselas ha roto su promesa: los ahorros hasta 100.000 euros, ya no están garantizados.

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En aquel momento escribí un tema que está publicado por algunas web financieras. En el que intentaba responder a cuestiones ¿qué hago con mi dinero? ¿Me puedo llevar mis ahorros fuera de España? ¿Es fácil abrir una cuenta en el extranjero? 

Como muchos de ellos habrán comprobado, ninguna de estas tres preguntas tiene una respuesta fácil, a no ser que quién se la plantee sea propietario de una gran fortuna. Pero en ese caso no estaría consultando esta noticia. Los grandes bancos y los asesores de patrimonio ya les han solucionado el dilema. Y es que no hace falta leer a Harry Browne, para saber que una de las reglas de la seguridad financiera pasa por sacar parte del capital fuera del país de residencia. En cambo, no les ocurre igual a quienes después de toda una vida de ahorro ( y sin ingentes cantidades para diversificar) se encuentran con todas las alarmas del sistema financiero español desatadas.

A la primera cuestión ¿Qué hago con mi dinero?, la respuesta depende mucho de cuánto dinero se tiene y en qué condiciones. Si está en un depósito a plazo hay que valorar si compensa el riesgo de sacarlo a costa de perder los intereses o no. En principio, si esa cantidad no supera los 100.000 euros está avalada por el Fondo de Garantía del Estado, luego no habría por qué tener miedo.  ( Lo que ha ocurrido este 15 de marzo de 2013 corrobora que cada vez podemos fiarnos menos de las autoridades europeas. Si a los chipriotas pueden quitarles un 6% de sus depósitos de menos de 100.000 euros, se abre la veda para que todo abuso sea posible).

Otra cosa es que el dinero esté en fondos de inversión o productos financieros complicados, como pueden ser las participaciones preferentespagarés o incluso los Unit Link, aquellos seguros tan famosos a finales del siglo pasado y que ahora pueden dar más de un quebradero de cabeza a sus propietarios.  En ninguno de estos casos el Fondo de Garantía del Estado cubre el dinero invertido. La salida fácil para los capitales miedosos que estén en fondos de inversión es buscar otro fondo de inversión que no sea español y traspasar a ese el dinero. Los propietarios de pagarés, preferentes o Unit Links tendrán que ver si les compensa perder parte del capital invertido a cambio de recuperar la libertad del resto de su dinero o confiar en que el banco siga cumpliendo y abone los réditos prometidos.

En cambio si es de los que tienen participaciones preferentes (sobre todo en el caso de Bankia) y le han obligado a canjearlas por acciones, los expertos recomiendan vender cuanto antes. Esperar sólo significa ver mayores caídas en los precios de las acciones financieras españolas. La recuperación no se espera hasta dentro unos años, tal vez demasiado tiempo para quien quiere disponer libremente de sus actuales inversiones.  Así que la forma menos complicada para llevarse el dinero fuera de España es invirtiendo en activos extranjeros, bien sean fondos de inversión o también acciones. No hace falta decir (pero lo hacemos para que nadie se lleve sustos) que está modalidad de escapatoria no está exenta de riesgo.

Frente a esto está la seguridad que da abrir una cuenta en el extranjero y depositar en ella los ahorros. Esto que, en principio no debería suponer ningún quebradero de cabeza, ya que estamos en el mundo de libre movimiento de capitales, tampoco es fácil. La libertad de viajar de un lugar a otro a mayor velocidad que la luz y sin pasar por ninguna aduana es un privilegio destinado a los inversores de primeras, es decir a los más ricos, a las grandes masas de capital.

Intentar hacerlo con unos suculentos ahorrillos de 10.000 o 20.000 euros es casi tan complicado como colarse de polizón en el Air Force One ( el avión del presidente de EEUU).  Para sacar más de 10.000 euros en efectivo de España hay que pasar por un tedioso trámite burocrático  para que Hacienda no pierda su control. Es más, se exige el cumplimiento de un documento denominado “modelo S1” de forma voluntaria y antes de que lo solicite el Servicio de Aduanas, luego ya sería tarde. Es decir, optar por la vía de pillar la maleta y marcharse a Suiza es de todo menos rápida, si se quiere hacer legalmente, por supuesto.

La variable de abrir una cuenta en un banco extranjero, que tampoco debería suponer mucha complicación en un mundo dominado por Internet y la tecnología, se complica cuando el dinero se interpone (a no ser que sean grandes cantidades, en ese caso nadie pone problemas). Suiza, ese maravillo lugar paradigma de la seguridad, exige un mínimo de 35.000 euros y una recomendación para abrir una cuenta normalita. Es decir, identificada y pagando los impuestos correspondientes al fisco español y las comisiones al banco suizo. Si lo que se demanda es “discreción”, es decir que los banqueros suizos hagan gala de su famoso secreto bancario, no se empieza a negociar por menos de un millón de dólares. Pero como hemos dicho antes, de esas gestiones ya se encargan otros. En algunos foros de Internet se puede encontrar información sobre bancos online suizos que permiten la operativa de abrir una cuenta sin tanto trámite. En este caso hay que tener cuidado; no sea que por querer salir de Málaga nos vayamos a meter en Malagón y dentro de unos meses no enteremos de que esos bancos no eran más que oportunistas a la caza de los miedosos ahorradores españoles.

Apenas quedan unas horas para la huelga general de 29 de marzo. La actividad es frenética en las centrales sindicales: preparación de pancartas, organización de viajes, manifestaciones, sesiones informativas en los centros de trabajo… Mientras, más de un asalariado, a pesar de su convencimiento de los abusos que supone la reforma laboral aprobada y temeroso de lo pueda llegar en los próximos meses, todavía duda si acudir o no a la convocatoria de paro.
¿Sirve para algo? La respuesta sindical es rápida. “Con la del 20 de junio de 2002, se logró frenar el decretazo de Aznar”, aseguran. Es cierto, aquella movilización quitó la silla a Juan Carlos Aparicio, entonces ministro de Trabajo y tras años de litigios, en marzo de 2007, el Tribunal Constitucional anuló aquella ley.
¿Ocurrirá lo mismo ahora? Todo apunta a que no va a ser así. Primero porque el miedo está mermando la libertad real de ejercer el derecho a la huelga. Y segundo porque es el Gobierno el que está mucho más débil que en otras ocasiones.

Bruselas manda, no Rajoy

Por mucho que insista Rajoy. Él, como antes Zapatero y como los dirigentes de Grecia, Italia o Portugal, tienen un margen de actuación mínimo y la mayoría de sus decisiones no hacen más que responder al dictado de Bruselas. Ni un pelo se le movió a Zapatero el 29 de septiembre de 2010, cuando, según los sindicatos, el 70% de los españoles paró para protestar por su reforma laboral. Es más, las reformas dictadas por Europa continuaron. “Es la única forma de tener contentos a los mercados y evitar que la prima de riesgo y, por tanto, el coste de la financiación se dispare”, era la frase que utilizaban, no sin cierta razón, para justificar que pese a las protestas nada iba a cambiar. Como nada ha cambiado en Grecia a pesar de que los griegos están en la calle un día así otro también. Pero en realidad, el Gobierno ante el que protestan, el que podría sufrir el desgaste que suponen un huelga general no es el que realmente Gobierna. Por eso no hay cambios.

En esa línea iban aquellas palabras de Rajoy, “supuestamente” captadas por un micrófono indiscreto cuando charlaba el 30 de diciembre en Bruselas con su homólogo finlandés, Jyrki Katainen. “La reforma laboral me va a costar una huelga”, dijo el gallego haciendo ostentación de la dureza de la reforma que preparaba.
Como diría cualquier broker, la huelga general estaba más que descontada. Además, Rajoy acaba de experimentar en sus propias carnes el coste de enfrentarse a Europa. El anuncio de que no iba a cumplir con el ajuste presupuestario del 6%, esperado por las autoridades del viejo continente se ha traducido en una escalada de la prima de riesgo, y ha colocado a España en el objeto de deseo de los especuladores. ¿Se imaginan con que “ansia morderían” si Rajoy se atreviera a dar marcha atrás en la reforma laboral?

Alardeando de huelga

Mientras, el economista de Fedea, Luis Garicano, cree que la protesta del día 29 puede convertirse en un arma para Rajoy. “El impacto político de la huelga va a ser mínimo. Si Rajoy es astuto puede venderla como un éxito de su política de ajustes ante las autoridades europeas”, ha asegurado en una conferencia en Madrid. Es decir, que el presidente español enarbolará la indignación de “su pueblo” ante sus máximos jefazos, el clan Merzkozy, para decir. ¿Veis que bien lo estoy haciendo? Ante los mercados financieros también cotiza al alza la indignación popular. Sinónimo de que los ajustes que reclaman se están cumpliendo.

Por otro lado está el argumento del coste de la huelga para la economía del país, se que tanto esgrimen los detractores de la medida. Los representantes de los empresarios, CEOE, han calculado que el impacto económico podría llegar a los 1.000 millones de euros, en caso de que el seguimiento fuera del 35%. Hasta 2.000 millones costaría si se alcanza un seguimiento del 70%. ¿Pero cómo se llega a esta cifra? ¿Se descuenta una parada de la actividad económica total y por tanto lo que deja de ingresar el Estado por aportaciones a la Seguridad Social? ¿Se tiene en cuenta el ahorro en sueldos de las Administraciones Públicas e incluso las empresas privadas? “Sólo son estimaciones”, aseguran quienes dan la cifra sin más detalles. Es probable que esa aproximación resulte de dividir el PIB español por las jornadas laborales del año para después ajustar el cálculo a un inactividad del 30%. Pero ¿dónde quedan ahí, los servicios mínimos, por ejemplo? Garicano resta importancia a los datos y asegura que el impacto económico de una huelga general no es mayor “que el de cualquiera de los múltiples puentes que existen en España”.

¿Huelguistas o héroes?

Donde sí se calcula todo al céntimo en el coste que supone para un trabajador la protesta. Ese día se queda sin el abono de las horas de trabajo, incluyendo la parte proporcional de los días libres de esa semana y de las pagas extraodinarias o de beneficios y además se descuenta la cotización a la Seguridad Social de ese día. Los expertos manejan un coste medio de 90 euros por “huelguista”. En definitiva, casi un día y medio de trabajo. Una cantidad nada despreciable en un país donde ser mileurista va camino de convertirse en todo un logro social. Y eso que en esos cálculos no se incluye el coste de “arriesgar” su puesto de trabajo, en la que tal vez sea la convocatoria de huelga, durante la democracia, más complicada de seguir por parte de los trabajadores.

En definitiva, que tal vez lo que en el siglo XIX y XX era una potente herramienta de protesta social, la huelga general, puede estar perdiendo eficacia y convirtiéndose en un costoso sistema de pataleta para el trabajador. No estaría mal que los sindicatos miraran al futuro y pusieran en marcha un mecanismo que de verdad sirviera para frenar los abusos a los derechos de los trabajadores sin exigirles a cambio convertirse en héroes.

Intenté el pasado fin de semana desconectar de la reforma laboral. Busqué refugio en un encantador pueblo de la sierra de Gredos extremeña. No lo conseguí. Allí también era El Tema de conversación.
Entre chato y chato me topé con Fermín. Él es un extrabajador (como se define a sí mismo). En realidad, lleva años jubilado, y ahora, “sólo enreda” adecentando algún que otro surco de sus tierras, “lo duro lo hacen los chicos”, comenta.
Sus manos ajadas, las profundas y abundantes arrugas que surcan su rostro y una tostada tez, que nos recuerda a latitudes mucho más calientes que la nuestra, corroboran que su título de extrabajador se lo ha ganado a pulso.
Fermín recuerda como si fuera ayer, aquellos años en los que salía con sus hermanos al alba a la plaza del pueblo con la esperanza de que alguien les diera un jornal “para lo que fuera”. Cardar eras, recoger leña, colgar tabaco… “En los años cuarenta así se funcionaba aquí”, asegura. ¿La última reforma laboral? No es una casualidad. Esta es su teoría.
“Éramos unos desgraciados, y nos tenían sometidos. La mayoría de las familias no tenían ni un chavo. La propiedad de la tierra era de cuatro, ‘señoritos’. Ellos la alquilaban, nosotros la trabajábamos a cambio de dos duros.

Teníamos que llamarles “amo”

Lo más indignante, todavía me saca de quicio cuando lo recuerdo, es que los llamabamos amos. Sí si como lo oyes.
– “Amo me puede adelantar usted unos durillos para pintar la casilla” (por no decir chabola que hubiera sido lo más correcto)
– “Amo mi hija se ha puesto mala. Podría darnos un poco de leche a ver si mejora en unos días”.
– “Amo se ha muerto el burro. No vamos a tener arada la tierra esta semana. Pero no se preocupe que Ufrasio me presta el suyo la semana que viene. Si nos tiene que descontar la semana, usted verá. Pero el dinero nos vendría muy bien porque tenemos que comprar otra bestia.”
Amo por aquí. Amo por allá. No teníamos ni un ápice de dignidad y además éramos gilipollas. Matábamos los cochinos y regalábamos los jamones al amo, al médico y al cura. El practicante se llevaba las mejores gallinas. Y nosotros comiendo tocino.
La verdad, es que no sé cómo aquello fue cambiando. Bueno sí lo sé. Algunos comenzaron a irse fuera de España y enviaban dinero a la familia. Así nos fuimos desenganchando. Poco a poco comenzamos a comer mejor, a ganar más, y un día nos pudimos comprar la primera huebra (unidad de labranza que equivale a algo más de 2.200 metros cuadrados- era la superficie que se ara en una jornada de trabajo) de tierra.
Gestionábamos nuestro dinero. Si el año se daba mal ganábamos algo menos, pero seguíamos ganando. El amo dejó tenernos agarrados por ahí mismo. Compramos más terrenos, casas decentes, agua corriente, calefacción, coche y hasta nos fuimos alguna vez de vacaciones.
Parecía que todo aquello no iba a tener fin. Hubo años muy buenos. Nos llegamos a creer que todo había cambiado para siempre. Pero algo me hizo pensar que no iba a ser así. Fue el día en que el hijo pequeño de los Borja se casaba con la muchacha del Tambores. La estampa de aquella mesa nupcial era demasiado. Allí estaba la Vicenta , muy bien arreglada eso sí, sentada al lado del amo Luisito Borja, el tío más rico y más malo, que ha conocido este pueblo. Lo de que el príncipe Felipe se casara con la nieta de un taxista era una anécdota al lado de esto.

Llegó la crisis

Aquel día pensé. Esto no va a durar mucho. Y no duró. El matrimonio sigue, ehh. Me refiero a que luego llegó la crisis. Los bancos que te habían ofrecido el oro y el moro, decían que estaban en crisis, aquellos que te habían llamado a casa para decirte que te compraras un tractor nuevo o un local, cuando tú no necesitabas ni una cosa ni otra. Aquellos que al final acababan liándote y tú te comprabas un coche nuevo. Que a todos nos gusta estrenar.
Bueno, pues esos, ahora estaban en crisis, decían que perdían dinero. En lugar de castigarles por su irresponsabilidad llegaban los Gobiernos y sacaban la billetera para rescatarles. “Es que si se hunden ellos, nos hundimos todos”, nos decían para justificarse. Pero la única justificación es que ellos tenían el dinero y quien tiene el dinero es el amo.
Nos llenaron de excusas y mentiras para convencernos de que había que apretarse el cinturón de que la crisis era un problema de todos. En realidad, detrás de todo esto sólo hay un objetivo: hundirnos a nosotros, los trabajadores. Esto lo llevo diciendo desde 2008 y mis nietos me dicen que soy un abuelo cebolleta, que no hago más que acordarme de los viejos tiempos.
Yo seré un abuelo cebolleta, pero todo lo que ocurre me está dando la razón. Los trabajadores nos habíamos pasado de listos. Estábamos superando a los amos. Las tierras eran nuestras. Nuestros hijos estudian en las mismas universidades que los suyos. Hacen los mismos masters. A veces hasta consiguen mejores trabajos. Era demasiado. No podían tolerarlo por más tiempo.
Llegó la crisis, sí. Y los bancos fueron rescatados en lugar de castigados por sus abusos. Y, después de eso nos dijeron que se había terminado el dinero. Que los bolsillos del Estado se habían quedado vacios. Que había que recortar. Aquí, el ayuntamiento dejó de pagar a las obras públicas, y a las chicas que van a limpiar a las casas de los viejos. Pero ni el alcalde ni sus amigos han vendido los chalets que se han construido en los últimos años y se siguen pavoneando con sus todoterreno de lujo. Los bancos siguen ganando millones. Cierto, menos millones que antes, pero muchos millones todavía.
Ahora, llegan con esta reforma laboral. Dicen que es para crear empleo. Tal vez sea verdad. Pero será el empleo de los años cuarenta. Aquel que nos obligaba a llamar amo al patrón, agachar la cabeza cuando te decían que en lugar de pagarte el tercio acordado te daría menos, porque el año se había dado mal. Y así, podíamos terminar la temporada en negativo, porque habías pedido más adelantos de lo que luego te pagaban. Pero si te quejabas, no te llamaban para el año siguiente.
Si en un mal día se te ocurrió contestar mal al ama, al día siguiente tú y tu familia estabas en la calle. Siempre había un pobre dispuesto a ocupar tu lugar por la mitad de lo que te estaban pagando a ti. Prefiero no recordar cómo tuve que pedir perdón más de una vez para evitar que eso ocurriera.
Lo siento por los jóvenes. Pero lo que he escuchado de esta reforma laboral me ha traído todos estos recuerdos a la mente. Tal vez se cree trabajo, pero se ha destruido aquello que costó tanto construir: la dignidad de los trabajadores.”
@praxagora21

– ¿Te lo puedes creer? Como te lo digo.
– ¡Allí sacan al patio a los niños todos los días, varias veces. Da igual si llueve o hace frío!

Con esta manía mía, y creo que de casi todos, de escuchar las conversaciones de quienes tenemos sentados al lado en el autobús, ayer me enteré de una novedosa revelación.

Hay un lugar en el mundo, (seguro que muchos más) donde los niños salen al patio del colegio dos veces al día haga la temperatura que haga y sin temor alguno a las condiciones meterológicas. Es lugar es Amsterdam, según la explicación que la señora de pelo rubio y chaquetón de piel le estaba dando a la también rubia, de bote en este caso, y con pendientes de perlas blancas.

Al parecer, según pillé de estrangis, la hija de una de ellas se iba a vivir a ese país y andaba como loca buscando ropa impermeable para sus nietos, tal y como le habían recomendado en el colegio en el que iban a cometer dicha aberración. Porque la abuela, muy bien mandada ella, había ido en busca del encargo realizado, pero eso sí con la advertencia por delante de que a ella eso le parecía fatal.

Se pasaron un buen rato la rubias despotricando sobre la aberración de enfrentarse a las inclemencias del tiempo desde pequeños, pese a estar bien equipados para ello, y no quedarse resguardos en casa a esperar que escampe la tormenta como “Dios manda”.

Pensaba yo mientras les escuchaba, en la crisis. Sí no lo puedo evitar estoy todo el rato pensando en la crisis. Y en lo que tal vez esta mala costumbre española de resguardarnos de las inclemencias del tiempo en lugar de ponernos el chubasquero ya seguir adelante, tiene mucho que ver con la forma de afrontar la crisis. Por ejemplo, esa resistencia a actualizar los precios de los pisos, esperado que vuelvan a recuperarse en futuro que nadie sabe cuándo llegará.

Tal vez en España estamos acostumbrados a que las lluvias no duren mucho y el sol vuelva en poco tiempo. Pero ahora que somos Europeos y que el cambio climático hace estragos igual nos traería más cuenta comprar más impermeables y empezar a sacar a niños y grandes dos veces al día al patio: llueva, nieve o caigan chuzos de punta.

Lo reconozco, pertenezco a ese enorme porcentaje de españoles que cada vez que escucha la palabra funcionario la asocia con rapidez a ideas del estilo: vago, tocarse los ‘cuyons’, visitas matutinas al Corte Inglés… ¿prejuicios? Sin duda, pero con fundamento, no digáis que no.

Por supuesto, las excepciones existen. Y como mandaban los cánones del periodismo, antes de ser ciudadano, no conviene escribir de nada sin haber consultado todas las fuentes. Así que, con mis prejuicios de por medio, hace unos días tuve una interesante conversación con algunos de esos funcionarios ¿vagos? (comienzan las dudas) sobre la última decisión de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, de ampliar dos horas la jornada laboral de los funcionarios. ¿Tal vez para que en ese tiempo hagan lo que no han hecho en las trentaitantas horas semanales anteriores?

Las dudas me corroían. Esperaba escucharles blasfemar contra a decisión, cuando, para mi sorpresa, me aseguraron que la acogían con resignación. “Dos horas más, perfecto, pero ¿para qué?”

Quién hizo esa afirmación, llamémosle Juan, es un funcionario de los que yo consideraría “vago”.  Entra a las nueve de la mañana y a las tres de la tarde se le cae el boli. Desde el pasado verano, podría decirse que su máxima actividad se ha centrado en concentrarse en ver cómo se mueven las agujas del reloj que tiene frente a su escritorio y además está “estresado”. ¿Habrase visto semejante despropósito?

Pues sí, el estrés no sólo procede de el exceso de trabajo, también de la ausencia de él. El escritorio de Juan está lleno de informes.  Esos en los que él ha trabajado durante muchos meses, pero que sus superiores no tienen tiempo de mirar, o necesitan ser revisados y estudiados por innumerables grupos de trabajo que nunca se constituyen y que cuando lo hacen son incapaces de ponerse de acuerdo.  Informes cuyas hojas están amarillas esperando a que aquello que un día fue importante pueda ser rescatado.

Con el tiempo, Juan dejó de creerse que la palabra Urgente unida a las demandas que le hacían sus superiores significaba exactamente lo que la RAE entiende por ese vocablo: “Dicho de una cosa: Instar o precisar a su pronta ejecución o remedio”.  No era verdad. Pasaban semanas, meses y nadie solicitaba aquel informe que era tan urgente.  Al principio eso le molestaba. Se enfadaba con quienes no volvían a buscar lo encargado. Después, fue su autoestima la que fue degradándose. Pensamientos como: “me lo encargan para tenerme entretenido, pero no les interesa”. “Mi trabajo no vale para nada”. “El que no vale para nada soy yo”, se fueron apoderando de sus pensamientos mientras él se concentraba en lo único que veía moverse a su alrededor: las agujas del reloj.

Ante la propuesta de Esperanza Aguirre, sólo puede dibujar una resignada sonrisa en su boca. “¿Dos horas más, para qué?”. Él no es el único que no tiene trabajo en la Administración Pública, la falta de tareas asignadas es un mal generalizado. ( Ahora, casi entiendo por qué se van al Corte Inglés). “Quien propone trabajar más es que no conoce cómo funciona la administración pública”, asegura Juan. El problema real es de gestión, de tener gestores con capacidad para gestionar los equipos y las tareas asignadas.  En definitiva, es un problema de líderazgo.  Por cierto, el mismo que existe en muchas empresas privadas, claro que el segundo caso en lugar de no hacer nada lo que ocurre es que se hace tres veces para nada. (De eso ya escribiremos otro día).

Sí, ya lo sé estoy generalizando otra vez. Vale, pero es que cada vez escucho más veces estas versiones de lo que ocurre en mundo laboral español y, cada vez, creo con más convicción  que no es que los trabajadores españoles sean poco productivos, sino que son los procesos y los encargados de poner en marcha esos procesos quienes no tienen ni idea de productividad.

¿La prueba?… Aplicar una ampliación de dos horas para el trabajo de todos los funcionarios. Sí incluso para aquellos a los que ya les sobran la mayoría de las horas trabajadas porque nadie les encarga qué hacer. Pero claro, eso es mucho más fácil eso (y eso sí que es generalizar) que buscar los lideres adecuados para gestionar los equipos, no sea que no vayan a ser de nuestra cuerda. ¿A quién le importa que sean unos inútiles? Y sí también en el sector privado ocurre  algo similar.

La semana pasada una noticia se adueño de los medios de comunicación españoles. El miércoles Financial Times, el periódico de referencia de los inversores financieros en todo el planeta lanzó un órdago a España. En su blog FTAlphaville publicó el contenido de un mail que ellos mismos calificaron de “profundamente anónimo” en el que argumentaba que España había mentido en su contabilidad nacional. Y que según, los cálculos del “anónimo” el pib entre 2007 y 2009 no había caído un 3,1%, sino más de un 17%. O sea, la cosa no era cuestión de unas centésimas por aquí y por allá, sino de un terrible maquillaje que convertía a España en uno de los peores países del planeta.

 Desde la publicación de post los comentarios, cuestionaron su fiabilidad. Los datos y las estadísticas que comparaban eran como lo de mezclar peras con manzanas. Ya nos decían en primara que no se podía hacer. Pero allí estaba la aberración, colgada en la página web de uno de los periódicos más prestigiosos del mundo, que se ha ganado su prestigio a base de años de información exhaustiva y certera.

En España, el Instituto Nacional de Estadística  y el Gobierno, seguidos de los principales economistas ,echaban pestes sobre el post. El ejecutivo exigió oficialmente que se retirara el contenido del mismo, pero eso no ocurrió hasta pasadas las siete de la tarde con los mercados financieros europeos más que cerrados.

La información era mentira, pero estuvo todo el día en la web. Era mentira y además provenía de un correo electrónico cuyo autor se desconocía. Pero eso no evitó que fuera publicada. Por suerte, el día estuvo cargado de noticias y el asunto era tan burdo que no afectó a los mercados españoles. Pero podría haberlo hecho. Esa información anónima y no contrastada podría haber disparado la prima de riesgo española y por lo tanto los interés que el país para financiarse, y después de varios escalones eso llega a las familias trasformado en más impuestos. Y todo, por una curiosa versión del periodismo ciudadano. Ese que envía información a los medios sobre cualquier tema y los periódicos en aras de la modernidad y con la bendición de santa Nuevas Tecnologías, pues no dudan en publicarlo sin esperar confirmación.

Amorosa rectificación

El incidente se saldó con el más aberrante de los estilos. El cinismo y la chufa más barriobajera. FTAlphaville retiró el contenido del anónimo, pero dejó activo el chat para que los interesados pudieran seguir conversando sobre el asunto. Y eso sí, colgó la imagen de un perito ataviado con una camiseta en la que se leía “I love Spain”.

 Si la información del mail anónimo era tan buena, ¿por qué no se publicó en papel? ¿Por qué se dio en el blog al que más caso hacen los inversores, pero sólo online? ¿En qué parte del manual periodismo on line dicen se explica la regla de vale mentir y además cachondearse del ultrajado…? Supongo que alguno la jusficará con que la web necesita un toque de informalidad, que era un guiño. Seguro que habrá interpretaciones para todos los gustos, pero lo cierto es que el mensaje, (para mí, el peligroso mensaje) que la Financial Times es: señores en Internet vale todo.  Las mentiras y las manipulaciones tienen cabida en nuestra web, así que hagan juego…

Si el papel está herido de muerte y el periodismo on line nace manchado de ‘sangre’ ¿Cuál va a ser el destino del periodismo?